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13 Cortas historias divertidas de cómo los padres engañaron a sus hijos

Muchas veces los padres se ven obligados a decirle algunas cosas a sus hijos para que estos se queden callados, se queden quietos o simplemente se comporten bien.

Casi el 100% de estas mentirillas funcionan hasta que sus hijos se dan cuenta de que están siendo engañados. Si es que tienes algún pequeño en casa, entenderás perfectamente que mentirles no es un pecado, sino una salvación.

En el siguiente artículo te mostraremos 13 historias divertidas de cómo los padres engañaron a sus hijos.

#1.

#2.

Cuando era niña, mi padre sacaba la escalera, la apoyaba contra la pared de la casa y luego me llevaba afuera, en la noche, y me decía que había colgado la Luna en el cielo exclusivamente para mí. Me lo creía. Hace mucho que ya no está con nosotros, y cada vez que veo la Luna, pienso en él.

#3.

Cuando era niño, no podía dejar de hablar. Entonces mi papá inventó una historia que yo creí completamente. Me dijo que cada persona solo contaba con 10 000 palabras al mes. Y si las gastabas todas antes de tiempo, te ibas a quedar mudo hasta que iniciara el siguiente mes. Cuando empezaba a molestarlo con mis conversaciones sin parar, me decía algo así como: “Ten cuidado: ¡apenas es el día 20 y ya has pronunciado 9 000 palabras!”. Extrañamente, ¡siempre funcionaba!

#4.

Un día nuestra hija pequeña nos dijo que jamás volvería a comer pescado. Entonces se me ocurrió engañarla y le dije que no era pescado, sino pollo italiano. Mi nena con toda la confianza empezó a comerse “el pollo“ hasta que llegó la abuela, quien desconocía nuestro pequeño engaño. ”¡Prueba este pollo italiano!”, le ofreció la pequeña a su abuela. Fue entonces cuando nuestra trampa fue descubierta.
#5.

#6.

Papá decía que si oprimía cierto botón en el control de la tele, el aparato iba a explotar. Cuando crecí, un día me atreví a oprimir ese botón misterioso. Era un canal para adultos.

#7.

Mis padres me decían a mí y a mi hermano que teníamos otro hermano que se había convertido en un champiñón porque no se bañanaba. Incluso tenemos una foto suya en el álbum familiar.
#8.

Mis padres afirmaban que cuando la puerta de su dormitorio estaba cerrada, era porque mamá le ayudaba a papá a colgar una pintura justo arriba de la puerta, y que ellos no querían que, al abrir la puerta, se cayera. ¡Al parecer, tenían muchas pinturas qué colgar!

#9.
Le decía a mi hija pequeña que cuando mentía, en su frente salía una mancha roja reluciente. Siempre funcionó: sabía cuándo estaba mintiendo porque en esos casos siempre buscaba su frente con la mano.

#10.

Mi mamá siempre me decía: “Tenemos muchos dulces pero las verduras son difíciles de conseguir. Son tan sabrosas que se acaban en las tiendas”. Al mismo tiempo, siempre había un plato con chocolates en la mesa, y las verduras se servían como un manjar exquisito. ¡Total que a los 6 años estaba dispuesta a pedir para mi cumpleaños un puré de col de Bruselas en lugar de un pastel!

#11.

#12.

Cuando mi mamá me acostaba a dormir, me decía: “Acuéstate, cierra los ojitos pero ¡no te duermas! ¡Termino de lavar los platos y vengo a leerte un cuento!”. Claro que me quedaba dormida antes de que mamá regresara. Y por la mañana ella se quejaba de que me dormía muy rápido. ¡La mentira funcionó siempre!


#13.

Mi padre decía que “Tiempos violentos” era un documental sobre naranjas para que no viera la película. Y funcionó.

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