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17 Ejemplos de la lógica infantil que le puede ganar a la tuya

Las personas que tratan mucho con los niños saben de primera mano que el intelecto infantil a veces puede explicar hasta los mismísimos misterios del universo, llevando a los adultos a un estado de completa confusión con su infalible lógica.

En la escuela primaria, una maestra de música se llevó mi libro de canciones infantiles y no me lo devolvió. Fui a verla casi todos los días durante varios meses, y ella siempre decía que había olvidado el libro en su casa.

Como resultado, la maestra finalmente me lo devolvió, y se quejó con mis padres de lo insistente que yo era. Después de eso, mi madre me dijo que, si lograba que una de sus amigas me devolviera un dinero que le debía, podría quedármelo. Fui a verla todo el verano, hasta que logré mi objetivo.

Pediatra:

— Pablito, ¿cuántos árboles ves en esta foto?

El niño, con la voz llena de cansancio:

— Los veo a todos.

Una vez, cuando éramos chicos, con mi primo pasamos las vacaciones de verano en una casa de campo. Yo tenía 6 años; él, 9. Encontré una zanahoria que tenía la forma de un hombrecito y comencé a jugar con ella. Mi primo quería una igual, pero no encontró ninguna, y estaba celoso. Entonces, ese pequeño astuto comenzó a tirar al techo de la casa su zanahoria, que volvía, rodando, a caer en sus manos. Me gustó ese juego y tiré a mi hombrecito, pero no volvió a caer. ¡Cómo lloré! Desde entonces, odié a mi primo y me enamoré de la física.
Mi hija me dijo que necesitamos con urgencia dos hijos más, porque entonces tendrá almuerzos gratuitos en la escuela. ¡Un ahorro de no creer! ¡URGENTE, MAMÁ, URGENTE!

Cuando era pequeña, pensaba lo siguiente sobre la señalización vial: si la línea era de puntos, era porque habían ahorrado pintura; si era una entera, todo estaba bien; y si eran dos enteras, era porque una de ellas se borraba rápido y el perezoso señor que se encargaba de hacerla, para no tener que dibujar la carretera dos veces, dibujaba dos líneas a la vez para que duraran más tiempo. Ahora lo recuerdo y pienso: ¡tenía bastante lógica!
Los padres muchas veces se dicen “mamá” y “papá” entre ellos para enseñarle a los hijos a decirlo igual. Mi tío y mi tía hacían lo mismo, aunque su hijo ya era bastante mayor. A mí me molestaba mucho esa costumbre, y decidí tratar de que la evitaran. Les dije que cada vez que no se llamaran entre sí por sus nombres, me tendrían que dar 0,1 USD. Así, juntaba entre 1 y 2 USD por día, y era la más genial del barrio: me compraba mis propios dulces. Aunque el esquema solo duró 3 meses, luego se acostumbraron a llamarse por sus nombres.
Mi hija tiene 9 años. Con mi esposo estamos planeando tener otro hijo en un par de años, y ella lo sabe. Una vez, pasábamos juntas cerca de un kinder, y ella dijo: “Mamá, tenemos un buen vecindario, las tiendas están cerca, hay un kinder para el bebé cerca, hay una escuela cerca, hay un orfanato cerca…”.
Cuando era chico, le tenía mucho miedo a la oscuridad, y a los 3 años se me ocurrió la idea de hacer sonidos desagradables si me quedaba solo en la habitación, porque pensaba que así los monstruos creerían que era uno de ellos. Debe de haber sido muy interesante para mi mamá, que estaba durmiendo en la habitación sin que me hubiera dado cuenta, despertarse y verme corriendo por todos lados agitando los brazos y lanzando gritos terribles.

Mi hijo tiene 3 años. “Gabriel, junta los juguetes. Pronto vendrá papá, y si ve este desastre se pondrá muy triste. ¿Qué haremos entonces?”. Mi hijo, sin pensarlo dos veces: “Le diremos: ’no llores, papá…’”.
Cuando tenía 5 años pasaba el verano en la casa de mis abuelos. Un vecino, el señor Pedro, estaba reparando nuestro granero, y comenzó a molestarme, asegurándome que haría la puerta en el techo. Yo me puse muy triste y le pedí que, por favor, hiciera la puerta abajo, pero él continuó burlándose. Cuando se fue, tomé una pequeña sierra, corté la escalera cuidadosamente, quité el aserrín y tapé la marca del corte. Por la mañana, el vecino se subió a la escalera, esta se quebró y él se cayó estrepitosamente. Me regañaron durante mucho tiempo, pero el señor Pedro nunca más volvió a burlarse de mí.

Cuando era pequeña, tenía una tutora de inglés que era una linda mujer joven, de no más de 30. Un día que vino era su cumpleaños, y yo, una niña de buen corazón, le deseé desde el fondo de mi alma que después de morir se fuera al cielo y no al infierno. Por supuesto que mis padres me explicaron que tenía que desearle a la gente algo un poco diferente. Espero que no se haya ofendido.

Una vez iba en auto y mi hijo (en ese momento tenía unos 4 años) estaba sentado en el asiento trasero. Me olvidé de él y doblé a gran velocidad. Entonces escuché desde atrás: “Papá, ¿por qué me tiró hacia a un lado?”. Le dije: “Es la fuerza centrífuga, hijo, pronto aprenderás sobre eso en la escuela”. Luego frené bruscamente, y mi hijo me volvió a preguntar por qué ahora se había ido hacia adelante, y le conté sobre la energía cinética. Otro día, lo llevé a él y a sus abuelos. Otra vez giré rápido, mi suegro maldijo, y mi hijo dijo:

— Abuelo, no maldigas, es la fuerza centrífuga, tendrías que haber prestado atención en la escuela. Y prepárate, que ahora nos golpeará la energía cinética.

Mi suegro quedó en shock.

Tengo 20 años, y hace muy poco que me gradué de la secundaria. Pero entiendo que no me divertí tanto como mi hermano de 12. En su cuaderno de comunicaciones, una vez hasta hubo un comentario así: “Le vendió un amigo a un compañero de clase por 10 USD”.
Tenía 5 años. Papá estaba muy enfermo y mamá estaba afuera. Él necesitaba una inyección intramuscular urgente. Ningún vecino estaba en casa, así que me pidió a mí que se la aplicara. Pasó mucho tiempo convenciéndome de que no había nada que temer, y que no le dolería. Después estuvo una hora explicándome cómo tenía que hacer. Pasé otra media hora animándome. Y lo hice. ¡Listo!

Mi papá, frotándose el lugar de la inyección, me dijo: “?¿Ves, hija? ¡Nada que temer!”. Yo: “Por supuesto, papá, ¿por qué tendría miedo si cerré los ojos cuando te pinché”. Han pasado 25 años y él todavía me lo recuerda.

Cuando mi hija tenía 4 años, le hicieron un pasaporte. Lo fui a buscar, llegué a casa. Dije: “Hija,¡este es tu primer documento de verdad!”. Y ella, asustada: “¿Ahora tengo que trabajar?”.
Le estaba enseñando a mi hijo de 5 años a no aceptarle dulces, galletas, etc., a nadie. Le dije que se negara cortésmente, diciendo que su mamá no le permitía aceptarlos porque era alérgico a los dulces. Ensayamos, entendió todo, solo tardó mucho en recordar la palabra “alergia”; además, le costaba pronunciar la letra “R”. Un par de días después, decidí hacer una prueba, y jugamos a que yo era un desconocido. Le dije: “¡Muchacho, toma el caramelo! ¡Agárralo, no seas tímido!”. Y él me respondió: “¡No, gracias! ¡No puedo, mi madre no me lo permite! ¡Soy herbívoro!”. Al final no había recordado la palabra “alergia”.

¿Y tú alguna vez has sido testigo del ingenio de los niños?

Fuente:genial.guru
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